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En este primer capítulo nos interesa desarrollar la historia urbana de La Plata a partir de los primeros años de su desarrollo. Para una consulta acerca de las instancias previas a su fundación desde la capitalización de la ciudad de Buenos Aires en adelante, al menos remitimos al lector a los trabajos incluidos en la bibliografía.

El traslado de los poderes públicos provinciales a La Plata, en abril de 1884, intensificó la ejecución de las obras públicas emprendidas. La actividad de esta etapa, coincidente también con la asunción en el gobierno provincial de Carlos D’amico, pareció justificar las casi ilimitadas expectativas fundacionales en relación al destino de una ciudad que, como la carrera política de su fundador, llegó a creerse sólo circunstancialmente situada en la égida provincial. Durante la gestión de D'amico (1884-1887), adquirió entonces una fuerte fisonomía la ciudad física a partir de la habilitación de un vasto conjunto edilicio albergante de la nueva burocracia de un Estado moderno y republicano, como también de servicios y redes de infraestructura que comprendieron importantes obras de saneamiento y de comunicación ferroviaria y fluvial. Con estas obras, que sorprendieron a numerosos viajeros, de los cuales fue Sarmiento uno de los más entusiastas analistas de la casi inédita manifestación de modernidad que representaban, en muchos aspectos la nueva ciudad pareció ubicarse en un plano superador de las características físicas que presentaba la Capital Federal, antes que Torcuato de Alvear en 1887 iniciara su plan modernizador.

La preocupación por exhibir rápidamente los resultados materiales de la “nueva Capital”, hizo que la lógica positivista imperante en la elite de gobierno, basada en su racional fe en el orden y el progreso, a menudo se dirimiera a favor de la segunda consigna, para privilegiar la velocidad de los cambios por sobre la armonía general prevista. En efecto, la velocidad de los cambio tensó desde un principio al proyecto fundacional, que expresamente buscaba trascender la mera prefiguración geométrica de una bidimensional forma urbana. Habiendo sido el propósito delinear un organismo compuesto por higiénicas arterias carentes de obstáculos que interfirieran la circulación de aire y de tránsito, pero además y fundamentalmente a definir, dentro de un mismo sistema de proyectación las interacciones que mantendría esa traza con los edificios públicos a los cuales su particular significación convertía en monumento, la localización de estos últimos tendiente a enfatizar una simetría axial y un equilibrio eurítmico y las características de la arquitectura doméstica que operaría como armonioso telón de fondo formaban parte importante de un proyecto totalizador. Sin embargo, esta suerte de "ciudad circulatoria" que es La Plata, compuesta por una higiénica retícula de arterias que conforman la predominante regularidad de una traza, concebida para ser posteriormente "llenada" por monumentos y arquitectura domestica, dejó sólo una explícita alteración de su homogénea progresión en el eje longitudinal compuesto por manzanas diferenciadas que prefiguran un destino "monumental" que efectivamente tuvo, más allá del cual, la ocupación general del resto de la matriz básica fue menos el resultado de un “proyecto total” que la consecuencia de un proceso de pragmática agregación.

Los logros de la concepción totalizadora comenzaron a resentirse por la misma “división de trabajo” generada por Rocha a través de la ya mencionada estrategia fundacional, que en el orden de aparición de las respuestas a los respectivos encargos, fue de lo particular a lo general: primero las iniciales prefiguraciones de la arquitectura monumental, luego su nombre surgido del lema de uno de los trabajos premiados en dicho concurso más tarde los anteproyectos de su trazado urbano, antes que quedara finalmente definida su localización geográfica en las “Lomas de Ensenada”. En este desdoblamiento de funciones obligado por la velocidad cabe pensar en los tiempos políticos de un Gobernador que buscaba legitimar su candidatura presidencial de 1886, finalmente frustrada por las adhesiones, que con el guiño de Roca, experimentó la figura de Juárez Calman, los cambios y la fe en el progreso indefinido, aún en desmedro de un orden acabado, favorecieron la apelación a pragmáticas soluciones. El hecho de que la localización geográfica haya sido el último problema resuelto, no es un dato menor. La tardía decisión, repercutió, no tanto en los monumentos ajenos a sus implicancias por su carácter objetual, como sí y con una particular intensidad en la localización que ellos tendrían, debiendo adaptarse a condiciones de posibilidad fijadas por los límites topográficos a la expansión de la forma urbana. En la constitución del primer núcleo poblacional de La Plata, inducido por la localización de los primeros monumentos, un papel determinante tuvieron entonces las cotas de nivel más bajas producto del paso del arroyo “El Gato” en el casco urbano y el bosque convertido en Paseo, para colocar límites geográficos en cuyo punto intermedio quedó jerarquizado un centro de ocupación real que no era el prefigurado en el trazado.

La búsqueda de armonizar forma urbana y paisaje urbano, debió resignar entonces la correlatividad con la centralidad geométrica, a partir de la distribución de monumentos en una zona desplazada hacia el noreste de una ciudad. De ahí que el mantenimiento de la localización prevista para la Municipalidad y la Catedral en el centro geográfico, convirtiera por años a su espacio de integración en una suerte de "plaza mayor" fronteriza con la pampa. A través de esta operación la arquitectura del poder no desvirtuó el eje longitudinal, que tiene su prolongación hasta el puerto, y que dentro del casco urbano se extiende por las Avenidas 51 y 53, desde el Paseo del Bosque hasta el bulevar de circunvalación 31, aunque limitó su efectiva materialidad hasta la manzana delimitada por la calles 17 y 18, donde comenzaban los terrenos anegadizos, y donde se levantó el último edificio de la promenade monumental que fue el Monte de Piedad, reformado en 1885 por Francisco Tamburini. para ser convertido en Colegio Provincial (y desde 1888 en el primer Colegio Nacional de la ciudad). En cambio sí desdibujó al eje que perpendicularmente a éste se extiende a lo largo de la Avenida 13, que sólo contó en forma espejada respecto al eje longitudinal con los edificios del Consejo de Educación (Avenida 13 entre 56 y 57) y la Casa de Justicia (Avenida 13 entre 47 y 48). Debido a ello la plaza principal, en términos de uso y de ocupación, quedó desplazada hasta la intersección de la Avenida 7 y el eje longitudinal (Plaza de la Legislatura, luego de la Primera Junta, hoy San Martín), donde se concentraban los poderes ejecutivo y legislativo del gobierno provincial. Allí también se levantó la primitiva Estación del Ferrocarril, en una manzana originariamente prevista para situar un Teatro (calles 7, diagonal 80, 49 y 59, proyectada por Francisco Pinaroli en 1883). En esa plaza, devenida en centro neurálgico de la ciudad, se matriza la tensión básica con la que nació La Plata en su constante interacción con la Capital reemplazada: si en el proyecto fundacional, a las funciones gubernamentales se suman programas que buscaban consolidar una autonomía cultural con respecto a Buenos Aires, como lo era el Teatro; la inauguración de la Estación para el Ferrocarril Oeste, en el lado de la “plaza de la Legislatura” ubicado en dirección a Buenos Aires, para que -a pesar de los impedimentos que establecía la llamada Ley de Residencia de 1882- se encargara de trasladar diariamente a empleados, funcionarios y políticos a su domicilio en aquella ciudad, da cuenta de una inicial toma de conciencia respecto a la imposibilidad de consolidar una vida urbana alternativa.

En torno a la Estación y también al cercano Ministerio de Hacienda, el eje transversal de la Avenida 7 quedó consolidado por la instalación de la zona bancaria: a los Bancos Hipotecario Provincial (hoy Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, ubicado en 7 entre 47 y 48) y de la Provincia de Buenos Aires (7 entre 46 y 47) proyectados ambos por Buschiazzo y Viglione en 1883, se sumaron la Bolsa de Comercio (6 entre 45 y 46) proyectada por Waldorp en 1885, luego el Banco Nación (primero en 47 y desde 1917 en 7 y 48), el Banco Hipotecario Nacional (activo desde 1886 aunque su sede actual de 7 y 49 data de la década de 1920) y el Banco de Italia y Río de la Plata (instalado en 1888 en 7 y 48). Cercano al eje transversal, y buscando recrear la originaria simetría axial y el equilibrio eurítmico de la ciudad, surgieron dos importantes instituciones educativas en idénticas manzanas triangulares (hoy Normal Nº2, en Diagonal 78 entre calle 5 y 57 y Liceo Víctor Mercante en Diagonal 77 entre 5 y 47), proyectadas en 1885 por Carlos Altgelt. En cambio la orientación hacia sur y el alejamiento del centro poblacional, fue lo que decidió la disposición dentro del casco de Hospitales (1, entre 70 y 71; y 14 entre 65 y 66) y fuera de él del Cementerio.

Ahora bien si en muchos casos la arquitectura monumental da cuenta de alteraciones por localizaciones que desdibujaron la centralidad geométrica, la edilicia privada rápidamente asumió más explícitas características discordantes. En efecto, la celeridad de la operación, requirió del surgimiento de utilitarias construcciones provisorias, separadas entre sí, y totalmente levantadas en madera, en un número tal que pareció justificar el calificativo de “Ciudad yankee” dado por viajeros como Sarmiento. Muchas de estas casillas levantadas en La Plata, eran precisamente de origen estadounidense, y comenzaron a recibirse a principios de 1884, tras ser encargadas por las autoridades y después también por empresas privadas, que encontraban en los pueblos del far west, la respuesta mas adecuada para consolidar rápidamente un numeroso núcleo poblacional en la ciudad recientemente fundada. Junto a la temporaria suspensión de la aplicación de la norma que obligaba a los particulares a construir en mampostería y ocupando la línea municipal, se conformó la “Comisión para la adquisición de casas para La Plata”, que concentró su labor en la importación de casillas, a través de una operación que puede ser vista como una temprana acción directa que en materia de política de vivienda que el Estado emprendía con una cierta masividad en nuestro país. Por esta operación fueron adquiridas a la Shaw Brothers and Co, viviendas para los empleados pero también la Residencia para el Gobernador, que D’amico habitó hasta 1887. También llegaron Iglesias de madera norteamericanas, Escuelas prefabricadas de Buenos Aires, hasta que aserraderos locales comenzaron a proveer de materiales para que constructores locales o el Departamento de Ingenieros abordara nuevos programas: además de que en madera se levantaran viviendas individuales y colectivas, hoteles y Teatros dentro del casco urbano, Pedro Benoit y Sienra Carranza, en 1884 realizaron el “Hospital Barraca” de Melchor Romero.

El reemplazo en el gobierno provincial de D'amico por Máximo Paz, representó en 1887 un primer anticipo de los problemas por los que atravesaría una ciudad dependiente en extremo de la acción directa del Estado. En la virtual interrupción del plan de obras públicas de la Capital provincial, decidida por quien integraba la mas radicalizada y frívola vertiente del liberalismo económico en directa sintonía con Juárez Celman, comenzaron a desvanecerse las expectativas por el destino de excepcionalidad de La Plata, ante la evidencia de que ese detenimiento le impediría trascender el provincianismo característico de un conjunto de ciudades intermedias cada vez más distanciadas de la importancia que adquiría la Capital Federal. Tras rematar los bienes de su antecesor y convertir “ejemplarizadoramente” la Residencia del Gobernador en Hotel de Inmigrantes, Paz inició la dilapidación del Ferrocarril Oeste, en un proceso que culminaría con el desmantelamiento de los mas importantes Talleres ferroviarios del país que esa empresa poseía el Tolosa. A la inacción estatal en materia de obra pública, le sucedió la crisis desatada en 1890 que agudizó drásticamente la situación de La Plata. Entre las manifestaciones físicas más notorias de una fuerte retracción económica y demográfica después de un sostenido crecimiento desde su fundación, en 1890 la población comenzó a decrecer, desde los 65.610 habitantes que registran el Censo de ese año hasta llegar a 60.991 en 1895, puede hablarse de la imposibilidad de cumplir con el plazo de suspensión previsto para la normativa que impedía edificar en madera, hecho que prolongó por mucho más tiempo del esperado el discordante paisaje urbano de la “Ciudad yankee”.

La crisis afectó a la pequeña burguesía y a las destacadas familias ya instaladas, como el mismo ex gobernador D'amico, quien, acosado por sus deudas, en 1890 se vio obligado a abandonar el suntuoso palacio de calle 14 y 53, realizado por Leopoldo Rocchi, donde habitó tras finalizar su mandato en 1887, y alcanzaba a la principal fuente de crédito externo de la Provincia de Buenos Aires: la Baring Brothers, grupo financiero inglés que precisamente a consecuencia de la crisis argentina presentó quiebra. También quebraron el propio Rocchi, creador del Teatro Argentino, excepcional caso de una monumental obra del capital privado incluida dentro del eje longitudinal, los Bancos Constructor de La Plata e Hipotecario Provincial que habían sido en buena medida los principales promotores de la actividad inmobiliaria a partir de la acción directa o del otorgamiento de créditos para la construcción de viviendas, como el que había permitido iniciar en 1888 la construcción del barrio obrero de las "Mil Casas" junto a los citados Talleres Ferroviarios de Tolosa, en tanto que las obras de la Catedral, el más imponente de los edificios públicos iniciados desde la fundación, quedaron paralizada. La parálisis alcanzaba también al plano cultural, como queda reflejado en la inactividad de la Universidad Provincial de La Plata y de la gran Escuela de Artes y Oficios de la Provincia proyectaba por Altgelt -e iniciada su construcción en 1 entre 54 y 60-, que, después de ser creadas por una Ley y un Decreto provincial, de 1889 y 1890 respectivamente, tardaron algunos años en abrir sus puertas, aunque la segunda lo haría para convertirse en Cárcel de detenidos. Dentro de este crítico ambiente general en el que la Sociedad de Beneficencia asumió un particular protagonismo, pocas obras sobrepasaron en importancia a su Asilo proyectado por Benoit y habilitado en 1892 en 66 entre 8 y 9. Debido a estas circunstancias, la ciudad en términos poblacionales y socioeconómicos, después de la vertiginosa actividad en su etapa fundacional, permaneció en un estado decadente, reflejado en viajeros que la bautizaron "Ciudad muerta", "necrópolis", o "Esqueleto de ciudad". A la inoportuna inauguración en 1890 de las fastuosas obras del puerto de La Plata, le sucedió su larga inactividad como acceso fluvial, que determinó también el desuso y posterior demolición del Arco de entrada a la ciudad, con el que se iniciaba la promenade monumental luego de atravesar el Paseo del Bosque por la calle 52, que realizara en 1884 Benoit tomando como modelo el acceso de artistas a la Opera de París.

Las primeras evidencias de reactivación llegaron en torno a 1897, e impulsaron la idea de trascender el rol de ciudad administrativa para encontrar otros factores de desarrollo en las importantes iniciativas educacionales y científicas que ya poseía La Plata. El inicio de las actividades del Museo de Ciencias Naturales que rápidamente alcanzó trascendencia internacional en medio de una profunda crisis, constituyó un punto de referencia respecto a la capacidad instalada en materia de ciencia y educación dentro de una ciudad que contaba además con el Observatorio Astronómico -integrante junto al Museo de un enclave científico ubicado en el Paseo del Basque, y significativos establecimientos del nivel secundario el Colegio Nacional y las Escuelas Normales-. Luego de crearse la Facultad de Agronomía y Veterinaria (60 entre 116 y 117) surgió paralelamente la Universidad Provincial que pasó a valerse del espacio físico que dejó el desaparecido Banco Hipotecario Provincial y de los recursos humanos instalados a partir de la actividad fundacional que congregó especialistas en el control del territorio, las leyes y la higiene urbana.

Como forma de integrar todas estas instituciones y un prevaleciente habitus laicista y cientificista, El Ministro de Educación y Justicia del gobierno de Roca, Joaquín V. González, en 1904 concibió un vasto plan que en 1905 tuvo su ratificación parlamentaria y al año siguiente ya estaba en funcionamiento. Se trataba de la creación de la Universidad Nacional de La Plata, sobre la base de preceptos propios del republicanismo francés que apuntaban a formar racionalmente las elites de gobierno, valiéndose a su vez de los novedosos lineamientos pedagógicos ligados al pragmatismo anglosajón y en particular a preceptos de la “Escuela Nueva”, que favorecían la organización física a partir de la noción de campus. Este emprendimiento que constituyó la primera aplicación de la idea de campus en Latinoamérica, fue la más importante intervención arquitectónico-urbanística que conoció La Plata luego de su gestación. Más allá de que la fundación de la UNLP involucró a un amplio conjunto de instituciones preexistentes -Museo, Observatorio, Biblioteca Pública, Facultad de Agronomía y Veterinaria y Universidad provincial-, la gran creación de González fue entonces el campus del Colegio Nacional modelo, que reemplazó a la originaria institución ubicada en 51 entre 17 y 18, donde pasó a funcionar el Ministerio de Salud. El Colegio Nacional modelo, instalado dentro del Paseo del Bosque entre Avenida 1 y vías del FFCC, y calle 47 y 50-, fue proyectado en 1905 dentro del MOP de la Nación por el ingeniero Olmos con la supervisión de Massini y comenzó a funcionar en 1910. Consistía en un conjunto edilicio organizado a partir de un eje de composición que prolongaba en el Paseo del Bosque la calle 49, y donde, al gran edificio del Colegio en sí, situado sobre Avenida 1, le sucedía el Laboratorio de Física, amplios jardines, el Gimnasio y la piscina. Hacia la calle 47, se distribuía el resto del conjunto, conformado por cuatro internados solo dos fueron construidos, con sus respectivos parterres y la plaza de juegos atléticos. Este complejo destinado a formar científicamente una elite dirigente a partir de una educación tutorial iniciada a una temprana edad, y prolongada en las restantes instituciones de la educación superior, convirtió a La Plata en la “ciudad universitaria” del país, y más aún por la clara orientación del proyecto académico-urbanístico implementado, en lo que fue visto como “la Oxford argentina”.

Link a articulos en pdf. Promediando la década de 1910 la ciudad ya daba muestras de una cierta reactivación que favoreció la aplicación de normativas dirigidas a erradicar las casillas de madera que aún permanecían en el centro de la ciudad, para expulsarlas a suburbios nucleados en torno a actividades industriales de cierta significación hornos de ladrillo y caleras al noroeste y sudoeste de La Plata y saladeros y frigoríficos sobre el puerto. Fueron entonces suburbios que encontraron en ese tipo de edificación un importante elemento identitario, los de Los Hornos, Tolosa, Berisso y fundamentalmente Ensenada, localidad portuaria donde las construcciones de madera recibieron el ropaje de chapas, cuya abundante disponibilidad se asociaba al uso como lastre de barcos arribados al Puerto de La Plata. Dentro del casco urbano de La Plata, esta reactivación permitió trasladar la Estación de trenes de su ya incómoda ubicación céntrica, habilitándose el edificio realizado por Chambers y Thomas, con ciertas reminiscencias vienesas en la resolución de su cúpula, que aún funciona en avenida 1 y 44. Asimismo la comuna pudo llevar a cabo importantes movimientos de tierras a efectos de rectificar el cauce del arroyo que atravesaba la ciudad, reduciéndolo a un conducto a cielo abierto a lo largo de la calle 11, en una operación que terminó con un proyecto de hacer un canal navegable y un puerto de cabotaje en el centro de la ciudad, favoreciendo en cambio su expansión hacia sectores todavía despoblados del casco urbano. La Iglesia Católica también participó de esta escalada en la actividad estimulada también por sus disputas ideológicas con una Universidad cientificista y aunque ella no lograra retomar decisivamente las obras de la Catedral, si permitió dar origen en 1914 al monumental Asilo Marín en la manzana delimitada por las calles 60, 61, 14 y 15 y habilitar en la conflictiva zona portuaria de Berisso, luego de los episodios de la “Semana Trágica”, la emblemática “Mansión para Obreros”.

La reactivación permitió fundamentalmente ir cubriendo los intersticios del tejido en un homogéneo sector central del casco urbano de La Plata, destacándose allí las respuestas para Petit Hoteles y los primeros Clubes sociales, que, dentro del amplio espectro del sistema Art Nouveau, incluyen la vertiente francesa de Coutaret y la tendencia sesezzionista de Ruótolo, en un momento en el que parecía haberse alcanzado la imagen urbana de La Plata más cercana a la prevista por sus fundadores.

Sin embargo, otros factores pronto produjeron nuevas alteraciones, cuando la especulación inmobiliaria, que desde la etapa fundacional había dado origen a numerosos conventillos y casas de renta que prolongaban su desarrollo horizontal hacia el interior de la manzana, encontró con ingenieros introductores del ascensor y el uso del hormigón en grandes estructuras, un aliciente para acrecentar sus beneficios en el desarrollo vertical. En efecto, aún dentro de un lenguaje clásico, Vilar y Urrutia, iniciaron en 1914 una significativa producción de casas de renta, cuestionando el papel secundario en términos volumétricos que debía asumir la arquitectura privada ante los monumentos del poder público, para abrir paso a un modo de operar que, con mayores o menores cualidades en términos funcionales y estéticos, fue continuada por otros profesionales locales. Al mismo tiempo el Paseo del Bosque prolongaba su proceso de fragmentación, recepcionando funciones no previstas o que por sus dimensiones no podían ser absorbidas por la matriz cuadricular, como lo eran los Estadios de fútbol de Estudiantes y Gimnasia y Esgrima.

Por otra parte, la consolidación de La Plata como “ciudad universitaria”, hizo que la Reforma tuviera aquí un particular impacto, que iba más allá de la apertura de los altos estudios a amplios sectores de la sociedad. La ciudad pasaba ahora a ser receptora de una verdadera “invasión juvenil” del interior del país y de países limítrofes y también del programa cultural que acompañó este proceso, instalando un clima de ideas sobrevalorador del helenismo y el hispanoamericano en oposición al desarrollo científico del mundo anglosajón. La “Oxford argentina” era ahora la “Salamanca de Iberoamérica”, y de una preocupación por anteponer el arte a la ciencia y el hispanismo y el clasicismo a la modernidad, surgieron la Escuela Superior de Bellas Artes y el Teatro Griego, cuyas emblemáticas propuestas arquitectónicas quedaron a cargo del arquitecto del MOP de la Nación, Belgrano Blanco (v.). Si bien estas propuestas no fueron materializadas, sí en cambio profesionales como Vilar y Urrutia (v.) llevaron a cabo viviendas individuales, casas de renta y edificios institucionales en puntos significativos de la ciudad, que buscaban hacerse cargo de las implicancias identitarias de la “Salamanca de Iberoamérica” a través de la apelación indisimulada al neocolonial.

Pero la vida estudiantil, que en la década de 1920 estimuló una cierta reactivación sociocultural, no alcanzó para disipar los fantasmas del estancamiento que desde 1890 seguían sobrevolando en La Plata. La llamativa regularidad de su trazado urbano y la intensa actividad universitaria tenían como contraparte una aún limitada vida social, sintetizada en la impresión que recogió Einstein en su visita de 1925, que lo llevó a elogiar la Universidad que se levantaba en lo que para él no era sino la "Brujas del Plata", una recreación de la letárgica "ciudad dormida" belga. El puerto de La Plata, en su escasa actividad, pasó a ser visto entonces como el símbolo de la potencialidad desaprovechada por una ciudad que comenzó a avizorar la salida de su letargo en un destino "industrial", algo que tenía su asidero también en iniciativas privadas que buscaban una ventajosa alternativa a los onerosos costos operativos del ineficiente puerto de Buenos Aires. Desde el capital inglés existió un frustrado intento del Ferrocarril Oeste de obtener en 1904 su concesión, para luego producirse la radicación del frigorífico The La Plata Cold Storage Limited, con la que se sellaría el definitivo ocaso de la actividad saladeril existente en la zona desde 1871. El paso del puerto de la órbita provincial a la nacional en 1905 marcó la apertura a capitales norteamericanos: la Compañía Swift de Chicago adquirió el originario frigorífico en 1907, y la instalación de la Compañía Armour terminó de consolidar la actividad industrial de Berisso. El capital norteamericano ganaba nuevos mercados también en el inicio de una nueva era del automóvil, acompañada por la supremacía mundial del motor a explosión y consecuentemente del petróleo, cuando el Estado argentino creó, la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales y decidió en 1925 instalar su Destilería en, en Ensenada.

Pero además del puerto, el área costera inmediatamente cercana a él, también constituyó un elemento de atracción para el capital privado, del que surgió un ambicioso programa de desarrollo turístico. Así, en 1925, el principal especulador de tierras del Uruguay y creador de Piriápolis, Francisco Piria, adquirió 5.000 hectáreas, que prácticamente comprendían en su totalidad lo que hoy es Punta Lara y parte de Villa Elisa, con el fin de crear una localidad balnearia que atendiera las demandas de recreación de una amplia población que ya componía la metrópolis porteña y el gran Buenos Aires, insinuando también la posible conexión con la otra margen del Río de la Plata a través de un puente. La iniciativa fracasó debido a la ya perceptible contaminación de las aguas y finalmente quedó reducida a especulativos loteos que iniciaron sus descendientes a fines de la década del ´40, luego de que existiera una voluntarista propuesta del artista local, Atilio Boveri y fracasara también una gran propuesta integral para toda el área costera encuadrada en los lineamientos del CIAM, a cargo de Zalba y Le Pera dentro del MOP provincial. En una ciudad que no terminaba de completar el programa fundacional, ni encontraba en sucesivos proyectos parcialmente materializados su deseada revitalización, los fastos del cincuentenario centrados en la inauguración de una Catedral sin terminar, parecieron ser, en 1932, el reflejo de aporías que dejaron abiertas permanentes invocaciones a proyectos refundacionales.

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