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El centenario de la ciudad se enmarcó en la celebración oficial que el Proceso Militar realizaba del proyecto de la Generación del Ochenta aspirando a identificarse con este. Al igual que sucediera con el gobierno conservador de Justo, La Plata ocupó la atención de intelectuales, artistas, técnicos y funcionarios. Una de las consecuencia que aparejó esta reivindicación en el campo intelectual de la disciplina fue que pasó una vez más a ser repensada como trazado ideal, y ese trazado, en muchos casos, comenzó a confundirse con la ciudad misma. En el plano de las intervenciones urbano-arquitectónicas que reflexionaron sobre las valencias del trazado fundacional se inscriben dos propuestas, una en vías de culminar como edificio, la otra sólo concretada como ensayo parcial en torno al Centenario de la fundación. Se trata ante todo de trabajos producidos sin nostalgias imposibles y no renunciando tampoco a la idea moderna de proyecto.

El primer caso es el nuevo Teatro Argentino (1979), resuelto a través de un partido que explícitamente “encuentra su ley de generación en la ciudad [...] y a modo de resonante, devuelve a la ciudad la rítmica de la sintaxis histórica que le dio origen; [...] respeta la preexistencia histórica: la ciudad; el espíritu de su diseño original y la clara concepción de sus edificios públicos neoclásicos, en cuanto a su espacialidad externa”. El equipo de arquitectos, heredero de las propuestas sesentistas de uso público de buena parte del espacio privado, agregó al filo de los ochenta un elemento ajeno al debate que los nostálgicos premodernos instalaron: la concepción de la plaza del Teatro “liberada del vehículo, integrando al paisaje el juego de su volumetría y espacialidad interna”.

La propuesta de CEPA para centro cívico en el eje monumental denominada “Eje del Centenario”, iniciada a fines de 1980, se articuló con preocupaciones urbano-ambientales anteriormente desarrolladas por el estudio, y recuperó en otra clave, atenta al espíritu ya que no a la forma, tanto una vieja concepción “City Beautiful” propuesta en 1947 por della Paolera (v.) que, en rigor consistía en transformar en plazas las manzanas del eje 51 y 53 situadas entre 3 y 11, ocupadas por edificación privada, de manera de “llevar el Bosque hasta la Catedral”, como el mucho mas reciente y publicitado Plan Urbis. El proyecto consideraba que “El eje monumental es un micro centro, por vocación y configuración. Sólo debe auspiciarse su uso, para que se devele, a la vista del mas incauto, lo espléndido de su escenario físico, de su historia y de sus instituciones actuales”. Se proponía una extendida peatonalización ya que “el gran movimiento de tránsito actual dificulta y aun impide esa apropiación”. A diferencia de las plazas que proponía incorporar della Paolera, el “Eje del Centenario” sugería edificios recreativos y culturales de fuerte transparencia, del tipo Galleria Vittorio Emmanuel. Por su parte la peatonalización implicaba desarrollar un mall que recordaba las modernistas propuestas de peatonalización de la segunda posguerra, como la tan recordada Lijnbann de Roterdam de Bakema.

Dentro de la misma ética modernista se sitúa el diagnóstico y propuesta para la ciudad y su región elaborado por Luis Morea y Rubén Pesci. Otros trabajos importantes de diagnóstico fueron publicados en el volumen La Plata, Ciudad Nueva. Ciudad Antigua, aunque el clima revisionista no podía dejar de teñir los análisis tipológicos, orientados a una faz dominantemente formal y un tanto regresiva, en el sentido de enarbolar la reproducción de valores irremediablemente perdidos. Pero paralelamente escasa e irrelevantes fueron las realizaciones materiales. Por su carácter polémico se destaca el encargo de elaboradas plazas de geometría “dura” que no lograron ser asumidas positivamente por sus potenciales destinatarios y yacen hoy, a escasos veinte años de realizadas, en un lamentable estado de ruina, cuando no fueron desfiguradas.

La reivindicación del trazado geométricamente puro de la ciudad surge enmarcado en una operación similar a la que homologaba el dibujo de arquitectura con la propia arquitectura, surgida inequívocamente en medio del clima laboralmente recesivo, e ideológicamente antimodernista y revisionista que afectó el debate arquitectónico de la década. Al finalizar esta, los referentes historicistas dejaron de seducir con la fuerza de antaño a quienes imaginan la ciudad desde el enfoque arquitectónico, y tan rápidamente como se esfumaron estas nostalgias, el interés por el trazado impoluto regresó a sus fueros normales dejando en positivo inquietudes en parte preservacionistas y en parte culturalistas acerca del valor de la forma urbana.

En materia de vivienda individual y dentro de este clima recesivo y preservacionista y al igual que en otros sitios del país, cobraron singular interés los reciclajes de casa chorizo. Sin embargo, las ofertas de terrenos libres en la inmediata zona periurbana fomentaron en las clases medias la realización de nuevas viviendas. Si bien en la mayor parte de los casos se recurrió a anacrónicos y acríticos chalets, no pocos fueron los casos que esta disponibilidad permitió desarrollar una verdadera casuística de las posibilidades que esta arquitectura vagamente posmoderna permitía

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De la ciudad ideal a la ciudad realEntre la tradicion y la modernidadLos suburbios invadieron al centroUn lento camino al desencantoLa Plata en su CentenarioDe la crisis al estancamiento estructural