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De la ciudad ideal a la ciudad realEntre la tradicion y la modernidadLos suburbios invadieron al centroUn lento camino al desencantoLa Plata en su CentenarioDe la crisis al estancamiento estructural


 

 

Como es sabido, el ascenso de Perón a la presidencia, tuvo uno de sus epicentros más fuertes en Berisso, y desencadenado en La Plata un conflicto obrero universitario en torno al 17 de octubre de 1945. A partir de la nueva realidad legitimada por las urnas, se produjo progresivamente la incorporación de los sectores populares de Berisso y Ensenada vistos por hasta entonces por el Estado como sujetos potencialmente peligrosos que era necesario tutelar en sitios que hasta entonces le estaban vedados social y culturalmente: el ámbito central de la ciudad, herética actitud donde por primera vez como señaló Daniel James se “violaron las convenciones vigentes: los suburbios invadieron el centro”. Estos cambios caracterizaron el desarrollo futuro de su esfera pública mas allá del decenio peronista, generando conflictos de índole socio cultural entre “gente bien” y “cabecitas”. Como corolario de estos cambios, la patricia ciudad fue rebautizada con el nombre de Eva Perón desde 1952. Pero no debe suponerse que esta presencia alteraría el elegante aunque ya no inmaculado trazado fundacional. En este sentido la Ordenanza por la que se Reglamentaba la Edificación en La Plata en 1949 prescribía la conservación del trazado en virtud del valor histórico intrínseco y apuntando a su completamiento y mantenía en buena medida las características normativas de la anterior ordenanza de 1932, que apuntaban elementalmente a garantizar ciertas condiciones de higiene y seguridad que debía poseer el espacio privado, refiriéndose en términos globales sólo a la necesidad de preservar el trazado fundacional.

El perído peronista se caracterizó por la incorporación de programas de interés social que a pesar de su alcance cuantitativo discreto, se convirtieron en usuales demandas a los futuros gobiernos, que debieron implementarlos a veces a regañadientes dentro de su política regresiva en lo social. En materia de respuesta al ocio el gobernador Mercante expropió la estancia de la sucesión Iraola, adyacente al partido de La Plata destinada a parque público regional y el mismo gobernador construyó la República de los Niños en el suburbio de Manuel B. Gonnet, destinada a educar a los pequeños en los valores de la república. Desde el punto de vista físico, la República constituye un conjunto edilicio pintoresquista que comprendía las sedes de los poderes republicanos, las sedes de las fuerzas armadas, la municipalidad, la iglesia católica y el equipamiento comercial, de recreación, cultura y deportes, de transportes y administración, las chacras destinadas a la producción primaria, en suma, los programas de una ciudad real a escala reducida. Todos los edificios fueron realizados eligiendo un tipo y estilo diferente que se asociara al carácter del programa, predominando diversos medievalismos centroeuropeos, declinaciones arábigas, pero curiosamente ninguna expresión clásica. El plan original preveía que mil seiscientos niños, pasaran un año en el sitio, viviendo en forma permanente y, que sin depender de adultos, realizaran las diferentes etapas de la producción (primaria) y el gobierno. La idea no llegó a concretarse empero: una vez inaugurada en 1951, no contó con los alojamientos que justificarían la propuesta, e inmediatamente fue cedida a la rama femenina de la UES, que utilizó las escasas cien plazas del sector deportivo. Tras la Revolución de 1955 se desvaneció cualquier posibilidad de retomar la idea y la obra entró en un paulatino proceso de descuido y deterioro.

Las obras destinadas a cubrir estas expectativas masivas y populares encontraron su temprana formulación en el Plan Trienal 1947-50 que si bien se fue adaptando a las circunstancias económicas, sufriendo ciertos recortes, se inscribe en la holgada experiencia de los primeros años de la gestión peronista, que declinara tempranamente en 1950. Inicialmente el ambicioso plan de obras públicas comprendía una inversión de 67 millones de pesos, contemplando la realización de un hotel provincial, construcción y mejoras en los hospitales públicos, incluyendo un hospital policial, creación de un barrio obrero y parque público en Berisso, estadio y locales anexos para exposición agrícola y ganadera, construcción y mejoras en establecimientos provinciales tutelares de menores, construcción de dos torres en la fachada de la Catedral, modificación de las instalaciones de agua corriente, obras de pavimentación y desagües cloacales, construcción de viviendas económicas, y dependencias administrativas. Se preveía “reconquistar espacios verdes para recuperar la fisonomía original de la ciudad”. Tras la nacionalización del los ferrocarriles, se formularon irrealizables propuestas tendientes a minimizar el impacto que el sistema ferroviario provocaba en la ciudad. Finalmente se acota el contenido del plan al aeropuerto (de uso limitadísimo), nuevo pabellón del policlínico, mejoras en Melchor Romero, nuevo Teatro al aire libre en el Bosque, barrio de viviendas en Berisso y la expropiación de la estancia de la sucesión Pereyra Iraola en el vecino partido de Berazategui. Por su situación de ciudad del far west, Berisso se benefició con el mayor volumen de obras públicas que conociera en su historia cordero, hospital sub zonal, barrio obrero, equipamiento en las playas en un momento en que pasada la guerra, el comercio de carnes con Inglaterra inicia una declinación que arrastra el cierre de los frigoríficos Armour y Swift, principales empleadores de mano de obra. Poco antes del triunfo electoral de Perón, el gobierno surgido de la revolución del ‘43 realiza el Hogar Social, institución cuya sede, situada en el corazón mismo del núcleo fabril y habitativo de su población obrera, intentaba paliar los problemas de más urgente tratamiento: comedores, consultorios, lugares de ocio y recreación buena parte de los trabajadores vivía hacinado en pensiones en una operación dopolavoro a escala local. El caso de la estancia Pereyra fue destinada a parque público de alcance regional, bautizado "Derechos de la Ancianidad", y a pesar de las viscisitudes de su ocupación posterior ha operado de freno a la expansión del área metropolitana del Gran Buenos Aires, objetivo implícito que los asesores urbanísticos del gobernador Mercante habían impulsado.

La vivienda colectiva promovida y financiada por el Estado reconoce necesariamente en la primera etapa un pico cuantitativo que se manifiesta con los conjuntos realizados en Berisso (Barrio Obrero, Barrio Banco Provincia) y el acceso al casco urbano (sector comprendido entre las avenidas 13, 19, 526 y 532), este último completado en varias etapas. En ninguno de los casos se logró vertebrar una unidad orgánica, alternativa a la ciudad existente, y tanto el trazado “Ciudad Jardín” de Berisso como la alternativa de amanzanamiento en clave utilitaria para el segundo no significaron modelos consistentes a imitar. En una ciudad que aparte de las “Mil Casas”, no reconocía antecedentes de subdivisión de la manzana estas aisladas intervenciones fueron recibidas como auspiciantes de ghettos. A contracorriente, del desarrollo de hospitales monoblock en altura, el Estado desarrolló un tardío ejemplo neocolonial con un arcaico partido a doble claustro para el Hospital Gutiérrez (1947). En las escuelas proyectadas se reiteraron anacrónicamente variantes tradicionales tipo “escuela palacio” junto a esquemas de carácter rural aun en enclaves urbanos cifradas dentro de la tradición pintoresca del californiano.

La Universidad Nacional de La Plata al igual que las otras instituciones similares del país experimentó durante el período traumáticos avatares que comenzaron con la intervención del Poder Ejecutivo a las mismas en 1943 y 1946, y la posición hostil de gran parte de sus claustros en relación al peronismo. Sólo la de Tucumán tuvo en el periodo un desarrollo positivo, dada las particular coyuntura de contar con una lúcida conducción afín al gobierno. En materia edilicia se promovió la realización de una Ciudad Universitaria, retomando propuestas que en La Plata se remontan a fines de la década del treinta, pero la crisis económica que comenzó a manifestarse a comienzos de 1950 fue desalentando las realizaciones, y sólo se pueden contar como realizaciones la nueva sede de la Facultad de Medicina (concerción parcial dado que estaba previsto realizar conjuntamente un Hospital Escuela), el Departamento de Electrotecnia (un proyecto postergado desde 1938) y el Comedor Universitario (inaugurado recién en 1961). La normalización posterior a 1955 y hasta la intervención de 1966 no tuvo en el plano físico la misma expansión que mostró en el intelectual, período que es considerado casi unánimemente como un renacimiento de los valores mas sustantivos de la universidad fundacional.

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